EL INICIO DEL ESTADO BENEFACTOR

Antecedentes Históricos

Hay dos causas que históricamente determinaron el aparecimiento del Estado Benefactor estas se explicara a continuación:

La Revolución Francesa:

Las inquietudes de carácter económico, político, social y filosófico que prevalecen en todo el siglo XVIII provocaron cambios radicales en la manera de vivir, pensar y organizarse de los hombres en Europa y América; de aquí que surgirá una nueva etapa de la humanidad a la cual se impuesto el nombre de edad contemporánea. Se sitúa su comienzo en la Revolución Francesa (1789), donde se afirman las ideas de libertad e igualdad.

La Revolución Francesa es un fenómeno de lenta y firme maduración. Fue preparándose durante años por efecto del sentimiento de disconformidad que despertaban la desigualdad de deberes derechos existente entre las clases componentes de la nación y el absolutismo real que pretendía normar las conciencias, las actividades, la política y la economía del país.
Las obras filosóficas de Locke, Montesquieu, Voltaire y Rousseau que atacaban el absolutismo real, la concentración de los poderes la división de las clases sociales; la Enciclopedia dirigida por Diderot que divulgaba el saber humano interpretándolo desde el punto de vista racional con tendencias marcadamente anticatólicas, las ideas de los fisiócratas que pregonaban el advenimiento de una era de bonanza si se lograba que los fenómenos económicos de la sociedad, es decir, la producción, la circulación y la distribución de las riquezas, se rigieron por las leyes naturales, eliminando la intervención del Estado en el funcionamiento de la economía social, influyeron poderosamente en el grupo de intelectuales, burgueses la mayoría, dedicándose al estudio y a la meditación.

En el Aspecto social se puede hablar de que en la Edad Media y en los siglos XVI y XVII prevalecieron el primer Estado o el Alto clero y el segundo Estado o la nobleza, en el siglo XVIII adquirió extraordinariamente preeminencia la burguesía, que era la parte intelectualmente más importante del tercer Estado a firmaba su poder industrial, comercial e intelectual el primero y el segundo decaían moral y económicamente. Los nobles no se ocupaban de la industria ni del comercio, pues según el sentir de la época eran actividades de carácter plebeyo.

Está trajo diferentes cambios que no sólo afectaron al interior de Francia sino también en todo el Exterior de ellas se habla a continuación:

Las transformaciones producidas por la Revolución

Una consecuencia directa de la Revolución fue la abolición de la monarquía absoluta en Francia. Asimismo, este proceso puso fin a los privilegios de la aristocracia y el clero. La servidumbre, los derechos feudales y los diezmos fueron eliminados; las propiedades se disgregaron y se introdujo el principio de distribución equitativa en el pago de impuestos. Gracias a la redistribución de la riqueza y de la propiedad de la tierra, Francia pasó a ser el país europeo con mayor proporción de pequeños propietarios independientes. Otras de las transformaciones sociales y económicas iniciadas durante este periodo fueron la supresión de la pena de prisión por deudas, la introducción del sistema métrico y la abolición del carácter prevaleciente de la primogenitura en la herencia de la propiedad territorial.

Napoleón instituyó durante el Consulado una serie de reformas que ya habían comenzado a aplicarse en el periodo revolucionario. Fundó el Banco de Francia, que en la actualidad continúa desempeñando prácticamente la misma función: banco nacional casi independiente y representante del Estado francés en lo referente a la política monetaria, empréstitos y depósitos de fondos públicos. La implantación del sistema educativo —secular y muy centralizado—, que se halla en vigor en Francia en estos momentos, comenzó durante el Reinado del Terror y concluyó durante el gobierno de Napoleón; la Universidad de Francia y el Institut de France fueron creados también en este periodo. Todos los ciudadanos, independientemente de su origen o fortuna, podían acceder a un puesto en la enseñanza, cuya consecución dependía de exámenes de concurso. La reforma y codificación de las diversas legislaciones provinciales y locales, que quedó plasmada en el Código Napoleónico, ponía de manifiesto muchos de los principios y cambios propugnados por la Revolución: la igualdad ante la ley, el derecho de habeas corpus y disposiciones para la celebración de juicios justos. El procedimiento judicial establecía la existencia de un tribunal de jueces y un jurado en las causas penales, se respetaba la presunción de inocencia del acusado y éste recibía asistencia letrada.
La Revolución también desempeñó un importante papel en el campo de la religión. Los principios de la libertad de culto y la libertad de expresión tal y como fueron enunciados en la Declaración de Derechos del hombre y del ciudadano, pese a no aplicarse en todo momento en el periodo revolucionario, condujeron a la concesión de la libertad de conciencia y de derechos civiles para los protestantes y los judíos. La Revolución inició el camino hacia la separación de la Iglesia y el Estado.
Los ideales revolucionarios pasaron a integrar la plataforma de las reformas liberales de Francia y Europa en el siglo XIX, así como sirvieron de motor ideológico a las naciones latinoamericanas independizadas en ese mismo siglo, y continúan siendo hoy las claves de la democracia. No obstante, los historiadores revisionistas atribuyen a la Revolución unos resultados menos encomiables, tales como la aparición del Estado centralizado (en ocasiones totalitario) y los conflictos violentos que desencadenó.


Revolución Industrial

En la Edad Media la propiedad era una institución insita al Estado, y disfrutaban de ella la gran mayoría de los ciudadanos. Las instituciones cooperativas del trabajo sólo restringían el uso independiente en absoluto de la propiedad con el objeto de mantener tal institución intacta e impedir la absorción de la pequeña propiedad por las grandes.

En el siglo XIX, Inglaterra, antes de cerrar el siglo, era ya un Estado puramente capitalista, el prototipo y modelo de capitalismo en el mundo: con los medios de producción firmemente en manos de un grupo muy pequeño de ciudadanos, y la totalidad de la masa determinante de la nación, desposeída de capital y de tierra, desposeída, por consiguiente, de seguridad, siempre, y también del necesario sustento, en muchos casos. La gran mayoría de los ingleses, aunque todavía en posesión dela libertad política, carecían cada vez más de los elementos de la economía, y se encontraban así en la peor posición en la que llegaron jamás a verse antes los ciudadanos libres en la historia de Europa.
El primer grado de proceso consistió en el mal uso hecho de una gran Revolución Económica que caracterizó al siglo XVI. Las tierras y la riqueza acumulada de los monasterios fueron arrebatas del poder de sus antiguos dueños con la intención de transferirla a la corona; más no pasaron a las manos del rey sino a la de los ricos de la comunidad, el cual una vez se consumo el cambio, se convirtió durante los siglos sucesivos en el verdadero soberano.

En otras palabras, hacia el primer tercio del siglo XVII entre 1630 y 1640, consumose finalmente la revolución económica y la nueva realidad económica que se empozó en las antiguas tradiciones que estaban constituida por poderosas oligarquías de grandes propietarios a cuya vera pasaba a segundo plano una monarquía empobrecida y decadente.
En el siglo XVIII, Inglaterra inició el período de su gran preponderancia industrial sobre las demás actividades económicas del país. Los pequeños talleres individuales fueron desapareciendo y se instalaron grandes fábricas en las cuales trabajaban centenares de obreros.
En Inglaterra en la que estaba ya constituido el capitalismo, sobrevino un gran desarrollo industrial. Así se “transformaron nuevos métodos de producción que causaron por sí mismos el desarrollo de in Estado Capitalista, en que unos pocos debían poseer los medios de producción y la masa debía de ser proletaria.”[1]Se hacen notar que los instrumentos nuevos superaban en tan gran escala a los viejos, y eran en tal modo costosos, que el individuo de pocos recursos no podía procurárselos, mientras que el rico que podía procurárselos, liquidó la competencia de su insuficientemente equipado rival, que todavía intentaba luchar con sus enseres más antiguos y baratos, y lo redujo a una posición de asalariado, de la de pequeño propietario que tenía antes. A esto agregáronse a favor del propietario grande las ventajas de concentración. No sólo los nuevos instrumentos eran costosos proporcionalmente casi a su eficacia, sino también, sobre todo después de la introducción del vapor, eficaces proporcionalmente a su concentración y bajo la dirección de pocos hombres.
“Si la propiedad hubiera estado bien distribuida, protegida mediante gremios cooperativos, cercada y defendida por la costumbre y la autonomía de grandes corporativos de artesanos, esas acumulaciones de riqueza, necesarias para la iniciación de todo método nuevo de producción y para la aplicación de todo perfeccionamiento nuevo, hubieran sido halladas en la masa de los pequeños propietarios. Sus pequeñas corporaciones hubieran reunido pequeñas masa de riquezas, hubieran provisto de capital requerido por los nuevos procedimientos, y los hombres, que ya eran propietarios, a medida que las invenciones fueron sucediéndose, hubieran acrecentado la riqueza total de la comunidad sin perturbar el equilibrio de la distribución.”[2]
Cuando se requería una acumulación de mercancías, como elementos indispensables previos a la iniciación de una nueva industria; cuando se buscaba alguien capaz de dar con la riqueza acumulada necesaria para estos experimentos de bulto, no había más remedio que dirigirse a la clase que había monopolizado ya el grueso de los medios de la producción. Sólo los ricos podían suministrar esos abastecimientos.
La expansión oligárquica económica se ejerció en todos los sectores, no solamente en la industria.
El Estado capitalista es inestable, y, a decir verdad el Estado propiamente dicho constituye una fase transitoria entre dos Estados permanentes y estables de la sociedad.
Con el fin de comprender por qué es así, recordemos la definición de Estado Capitalista: “Llamamos Estado Capitalista a una sociedad en la cual la posesión de los medios de producción esta limitada a cierto número de ciudadanos libres, no lo suficientemente grande como para hacer de la propiedad el carácter general de la misma, mientras que los restantes carecen de tales medios de producción y son, por consiguiente, proletarios”.[3]
Una sociedad así constituida no puede perdurar. Y no puede por que se halla sujeta a dos tensiones muy severas, las cuales acrecen en severidad a medida que esa sociedad se vuelve más íntegramente capitalista. La primera de ellas nace de la diferencia entre las teorías morales en que se asientan el Estado y los hechos sociales en que esas teorías morales tratan de regir. La segunda proviene de la inseguridad a que el capitalismo condena a la gran masa de la sociedad y de la sensación general de ansiedad y zozobra que produce en todos los ciudadanos, pero singularmente en la mayoría compuesta, en el capitalismo, de hombres libres desposeídos.
Tal tensión moral, pues, que se produce en virtud de la divergencia entre lo que proclaman nuestras leyes y máximas morales, y lo que es nuestra sociedad realmente, convierte a está en algo absolutamente inestable.
La segunda tensión interna que hemos observado en el capitalismo, su segundo elemento de inestabilidad, consiste en el hecho de que el capitalista destruye la seguridad.
Conjúguense estos dos elementos: la posesión de los medios de producción por unos pocos y la libertad política de poseedores y desposeídos a la vez: su consecuencia inmediata es la formación de un mercado regido por la competencia, en el que el trabajo de los desposeídos sólo reclama su valor no como totalidad de la fuerza productiva, sino como fuerza productiva que debe dejar un excedente al capitalista; y en que nada reclama como el obrero no puede trabajar, más proporcionalmente, cuando aumenta el rendimiento.
Auque esta causa de inseguridad es lógicamente, la más obvia y siempre la más constante en un sistema capitalista, hay también otra, que es más punzante en sus efectos sobre la vida del hombre. Nos referimos a la anarquía determinada por la competencia en la producción, que registró la propiedad con sus principios a nexos de libertad.
La competencia es registrada en proporción creciente por medio de u entendimiento entre los competidores, al cual sigue, la rutina del competidor menor por obra de arreglos secretos en que entran los mayores, bajo la protección de las fuerzas políticas secretas del Estado. En una palabra el capitalismo, al manifestar casi tan inestable al poseedor como al desposeído, tiende a la inestabilidad despojándose de su carácter esencial de libertad política.
No hay más que tres regímenes sociales que puede reemplazar al capitalismo: la Esclavitud, el Socialismo y la propiedad.
Para dar una solución al capitalismo, hay que eliminar, sea la limitación de la propiedad, sea
libertad, o ambas a la vez.
Todas las teorías de una sociedad reformada, por consiguiente, tratarán primero no tocar al factor libertad que se halla entre los elementos constitutivos del capitalismo, y se dedicarán a introducir algún cambio en el factor de la producción.
“ ... una sociedad como la nuestra, que detesta el término ‘esclavitud’ y evita un restablecimiento directo y constante del status del esclavo, tendrá necesariamente que completar la reforma de su mal distribuida propiedad de acuerdo a uno de los dos modelos. El primero, la negociación de la propiedad privada y la instauración de lo que se llama colectivismo, vale decir: la administración de los medios de producción por los agentes públicos de la comunidad. El segundo, la distribución más amplia de la propiedad, hasta que está institución grave su sello en todo el Estado, y hasta que los ciudadanos libres se hallen en posesión de capital o de tierra, sino de ambas a la vez.
Llamamos Socialismo, o Estado Colectivista, al primer modelo; y Estado distributivo o de Propietarios, al segundo.”
[4]
Los hombres que detestan las instituciones de la esclavitud proponen como remedio del capitalismo una de las dos soluciones.
O quieren poner la propiedad en manos de la mayoría de los ciudadanos, dividiendo en tal modo el capital y la tierra que un número decisivo de familias en Estado resulten propietarias de los medios de producción; o bien quiere poner tales medios de producción en manos de los agentes políticos de la comunidad, para que los administren como fideicomisarios en beneficio de todos.
Puede designarse la primera solución como la tentativa de establecer el ESTADO DISTRIBUTIVO; la segunda, como la tentativa de establecer el ESTADO COLECTIVISTA.
El colectivista, propone colocar la tierra y el capital en manos de los agentes políticos de la comunidad, dando por entendido que éstos administrarán la tierra y el capital como fideicomisarios de la comunidad y en su beneficio.
[1] BELLOC, Hilaire. El Estado Servil, Pág. 92
[2] Ibíd. Págs. 94 - 95
[3] Ibíd. Pág. 101
[4] Ibíd. Pág. 121